Además del impacto económico, el proyecto fortalece el arraigo cultural: se realizaron capacitaciones gastronómicas, difusión de recetas y eventos comunitarios como la Peña Algarrobera, que reunió a unas 300 personas para celebrar el inicio de la cosecha.
El desafío a futuro es instalar un molino en la región, lo que permitiría ampliar la cadena de valor, generar empleo local y posicionar a Chaco como productor de algarroba. Para ello, desde la Fundación llaman a articular esfuerzos entre municipios, gobierno provincial, cooperativas y sector privado.
Mientras tanto, el monte sigue en pie y produciendo. La chaucha de algarrobo, símbolo de resistencia y saber ancestral, vuelve a ocupar un lugar central como motor de una economía sustentable y con justicia social en El Impenetrable chaqueño