Habitualmente, El Niño alcanza su fase de máxima intensidad hacia finales de cada año. No obstante, debido a que la transferencia de calor acumulado del océano a la atmósfera requiere tiempo, las temperaturas globales pueden continuar elevadas durante los 12 meses posteriores a su pico. El fenómeno suele presentarse en intervalos de dos a siete años, con duraciones que van de los nueve a los doce meses, alternando de manera cíclica con su contraparte fría, La Niña, y fases de neutralidad.
Para el trimestre de septiembre a noviembre, las proyecciones de la OMM anticipan una alta probabilidad de registrar temperaturas superiores a los valores habituales en casi todas las regiones terrestres. Históricamente, los episodios intensos de El Niño se asocian con sequías en áreas de la Amazonía, Indonesia y Australia, alteraciones de los monzones en India y modificaciones en el régimen de lluvias de la franja tropical.